Polémica por el precio de las entradas del partido que Federer y Del Potro jugarán en Argentina


En Argentina están muy enfadados y con razón. Los aficionados al tenis sueñan con ver a Roger Federer por primera vez en Sudamérica, algo que por increíble que parezca nunca ha sucedido. El suizo ha confirmado que iniciará una gira a finales de año que le llevará también hasta Brasil y Colombia.

El problema está en el precio de las entradas, absolutamente desorbitado. Jugará el 12 de diciembre contra Juan Martín del Potro en Tigre (Buenos Aires) ante 20.000 personas, algo que ya hicieron Andre Agassi y Pete Sampras en su época. Para ver el partido es necesario pagar entre 700 y 2.700 dólares. Lo peor de todo es que las entradas ya están agotadas.

Federer no estará dos semanas en Sudamérica para complacer a sus fans. Tampoco por amor al arte. Allí cobrará aproximadamente dos millones de euros, algo que demuestra que su caché a día de hoy es espectacular. ¿Cómo se le puede pagar tanto dinero? Pues porque también lo va a generar en forma de derechos televisivos, patrocinadores y venta directa de entradas.

Para los que alucinen con esas cifras, decir que todavía cobra más por jugar en Halle el torneo previo a Wimbledon. La familia Gerry Weber le paga una cantidad enorme de dinero para que año tras año participe en el ATP 250 que le sirve de preparación para su Grand Slam favorito.

La reventa, una amenaza

Según se puede ver en la página web, todas las entradas se han vendido, algo extraño teniendo en cuenta que la mayoría de argentinos no pueden asumir un precio tan elevado. Eso demuestra que ahora entrará en funcionamiento la maquinaria del mercado negro, ese que se nutre de la reventa. Así las cosas, acudir al partido será un lujo, un privilegio que llenará la grada de ricos.

Todo el mundo tiene la impresión de que las entradas se retiraron rápidamente al ver la respuesta del público. La organización ha querido lucrarse de la forma más sucia posible. Se llevaba más de un año anunciando la Copa Claro Nokia, que así es como la han llamado. Ahora muchos tienen que renunciar al sueño de ver al mejor tenista de todos los tiempos en casa (sale más a cuenta coger un avión y marcharse a cualquier torneo ATP). Una pena que las cosas funcionen así.

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